Jacques LacanEl trabajo que llevaré a cabo, tiene relación a las características estructurales de las psicosis y las intervenciones posibles en su clínica, basándome en la posición del analista en esta relación transferencial.
“La condición de sujeto (neurosis o psicosis) depende de lo que tiene lugar en el Otro” . Como sabemos, en un inicio sólo existe el viviente, en él, sólo hay satisfacción pulsional, se es uno con el deseo de la madre y se vive en la ilusión de que somos el objeto del deseo del Otro, sin embargo algo debe venir a inscribirse, el Otro, que es lugar del lenguaje que funda el inconsciente en tanto lugar de una otra escena, una alteridad que nos atraviesa, nos determina y es desde donde el sujeto se constituye, es decir, los significantes se apropian del sujeto, esta es la inscripción de la metáfora del Nombre del Padre, la cual impone la ley. Así se pasa del S1, al S2 en la neurosis.
En las psicosis hay efectivamente sujeto y además, este es condición de lo que sucede en el Otro. En relación a esto es posible decir que, el psicótico se constituye en tanto sujeto, definido por la ausencia del Otro, hay un Otro que no se inscribe, hay forclusión del Nombre del Padre, ya que la inscripción de este significante que representa a la ley no se efectuó, o más bien, se efectuó, pero a destiempo y así el sujeto no tuvo noticias de ello, por esto decimos que es excluido el significante de la castración, entonces el psicótico se enfrenta con la castración en lo real, queda inscrito en lo real y no puede echarle mano a lo simbólico, como el neurótico. Al no haber castración, tampoco hay represión, el S1 está petrificado. Este sujeto, queda en posición de ser objeto del goce del Otro, hay un otro que goza de él –goce que está prohibido en la neurosis por efecto de la ley paterna— y por ende queda imposibilitado de establecer un lazo social. Entonces es posible decir que el psicótico está desabonado del inconsciente, desenganchado del Otro, por lo tanto fuera del discurso, hay un rechazo del inconsciente y por tanto, se ubica en el registro de lo imaginario, a-a’.
En el desencadenamiento de la psicosis es posible identificar cuatro momentos, la deslocalización del goce, en que el sujeto aparece perplejo y con una extrema angustia, no tiene palabra para poder describir lo que le sucede, luego se identifica un segundo momento en que hay una tentativa de significativizar el goce del Otro, así intenta justificar lo que le ocurre, y por ejemplo, interpreta paranoidemente lo que sucede, posteriormente encontramos el momento de identificación del goce del Otro, es cuando ya se sistematiza el delirio con el fin de poner en orden el caos, luego es posible identificar el momento final del consentimiento del goce del Otro, aquí ya se ha construido una nueva realidad con la que el psicótico está totalmente de acuerdo y siente que ha llegado a un saber esencial. (Rosita Lagos, Octubre 12, 2007)
Cuando en las psicosis aquello del Nombre del padre debe “salir a responder” hay un hundimiento imaginario, por lo tanto vemos que aparecen, los fenómenos elementales: el delirio como reconstrucción y remodelamiento de la realidad, neologismos ya que en las psicosis, se excluye el Otro de la ley, sin embargo no se excluye el Otro del significante, pero sí se tiene con este una relación muy perturbada, debido a que nunca se establecieron puntos de capitón entre significante y significado, el significante está, pero vaciado de significación, no hay uso simbólico de las palabras, sino que el psicótico trata a las palabras como si fueran cosas y para él lo que es, es. El neologismo es una invención significante que le permite suplir ese significante que no tiene en su constitución subjetiva (Imbriano, A. 2007). Además se dan alucinaciones verbales, en que la palabra producida por el sujeto, le es traída por la voz del Otro, “…el significante que ha sido rechazado del orden simbólico reaparece en lo real (alucinatoriamente)” , la palabra es vivida entonces como una instancia superyóica que impone, y al psicótico no le que da más que cumplir.
La intervención del analista, mediante la palabra, está dirigida a que haya un efecto sobre lo pulsional, a esto se le llama posición del analista, es decir que toda intervención se mide por sus efectos en la posición subjetiva del paciente. La dirección de la cura por tanto está sostenida en la táctica, una forma de intervenir respecto de la cual el analista tiene libertad, en la estrategia que asimila a la transferencia y en la política constituida en la ética del psicoanálisis, referida a las reglas fundamentales de la asociación libre y la atención flotante. En las psicosis la intervención del analista es imposible, plantea Amelia Imbriano siguiendo a Freud y a Lacan, ya que ésta es la intervención paterna, del significante que no se inscribió. El psicótico tiene un saber conectado al goce, y el saber no es supuesto, como en el neurótico, sino que se sostiene en la certeza radical. La posición del analista, tiene que ver con semblantear al objeto a, pero en las psicosis opera como condensador de goce y vacilará entre la abstención cuando es solicitado como el que tiene todas las respuestas y el de significante que funcionará como un elemento simbólico que a falta de la ley paterna construya una barrera para el goce, en esto se sostiene la transferencia. La presencia del analista aporta la presencia de una Otredad, “presta su significante, su nombre de psicoanalista y también su presencia, o sea, su capacidad de soportar la transferencia delirante” , esa presencia es la que demanda el psicótico y no el Sujeto supuesto Saber como lo hace el neurótico. El analista debe formarse la “maniobra de transferencia” a través de una prudente y oportuna intervención, con el fin de que se articule el pasaje de sujeto de goce al de sujeto acotado por el significante, por lo tanto se trata de una especie de ortopedia a la falla simbólica, por esto en la psicosis el analista interviene con la interpretación traducción, en que “insta al sujeto a traducir para el analista y escucha lo que el psicótico tiene que decir ya que ya hay interpretación en la palabra analítica , la palabra del analista hace silencio, en cuanto a responder como aquel que tiene todas las respuestas con el fin de evitar a erotomanía y la paranoización” y “se tratará de obtener un influjo de lo simbólico en lo real” . Entonces, encontramos que para que el lazo analítico sea estabilizador, el analista debe prestarse como testigo, secretario, destinatario y garante de un nuevo orden, que es el que se construye el psicótico y donde él mismo es el que sostiene un todo, él es que falta ahí. Por tanto decimos que la clínica de la psicosis es una clínica estructuralista, en que el tratamiento posible para el psicótico es la suplencia, un anudamiento a los significantes, un significante suplente viene a posarse allí donde el Nombre del padre no está, como una forma de estabilizarse y hacerse un nombre, es un anudamiento que el mismo hace a algo, se toman significantes prestados, que permiten un anudamiento al punto vacío, a partir de ahí, se reconstruirá un “como si” de lazo social y un reordenamiento imaginario pacificante.
Bibliografía
Amelia Haydeé Imbriano, (2003) Las enseñanzas de la psicosis ¿Qué puede esperar un paciente psicótico de un analista? Buenos Aires, Argentina. Editorial Letra Viva.
Amelia Haydeé Imbriano, Ciclo de conferencias Universidad Andrés Bello, “El Psicoanálisis, su práctica y sus efectos”, “¿Qué puede esperar un paciente psicótico de un psicoanalista?”, 24 de agosto, 2007, Santiago Chile.
Rosita Lagos, (2007) Clase dictada como invitada en seminario Intervenciones del analista, Octubre 12, carrera Psicología, Universidad Andrés Bello, Santiago, Chile.
Silvia Macri, Ciclo de conferencias Universidad Andrés Bello, “El Psicoanálisis, su práctica y sus efectos”, exposición casos clínicos “El baile…”, “De malo de constitución a maliato”.
Eduardo Gomberoff, (2007) Seminario Ética y técnica de la clínica, segundo semestre académico, carrera Psicología, Universidad Andrés Bello, Santiago, Chile.


